La minúscula antigua y semiuncial

Entre finales del siglo V y principios del VI, la producción de libros en minúscula antigua se introdujo en los centros escritorios. La escritura minúscula primitiva había sido utilizada en el ámbito privado, el del aprendizaje. Por tanto, se trataba de una escritura cursiva.

A partir del V-VI, pues, se utiliza esta escritura para la copia de libros. Se introduce en centros escritorios de escritura de libros en el momento en el que el modelo de copia romana está en crisis. Eso afectó a los centros de producción de libros. A partir de este momento, y con toda seguridad en centros escritorios del Norte de África, la escritura minúscula primitiva fue haciéndose cada vez más rígida en su diseño. Sufrió un redoblamiento de las formas y un aplastamiento de arriba a abajo. Se produce, igualmente, una reducción de los alzados y de las caídas de las letras, más perceptible en la forma más tardía.

Prácticamente no hay ligaduras cursivas, ni tampoco abreviaturas. Desapareció el sistema de producción del libro antiguo, que se basaba en la existencia de oficinas destinadas a la copia de libros y dirigidas por laicos. Los propietarios eran familias dedicadas al trabajo de la copia, si bien solían ser sus esclavos o libertos quienes realizaban tales tareas. Supuestamente, hasta tiempos de Diocleciano la escritura fue un trabajo servil, aunque después de éste sería una labor remunerada; pero continuó siendo considerado una ocupación servil.

El surgimiento de los primeros testimonios de la escritura uncial coincide con la aparición de los centros escritorios, los scriptoria eclesiásticos, en el siglo VI, un monopolio en manos de la Iglesia. La escritura se convierte en una práctica con la cual el monje aspiraba a ganarse el cielo. Los copistas altomedievales no eran los que mejor dominaban y conocían el latín, de forma que encontramos frecuentemente abreviaturas o palabras recortadas incorrectamente.

Con el monopolio de la escritura escrita se produjo una restricción, donde sólo se copiaron libros litúrgicos y patrísticos. El resto no interesaba, caso de los textos de la antigüedad clásica. A los nuevos copistas les gustaban las formas redondeadas, prácticamente artificiosas y marcaban la diferencia entre trazos primos y gruesos.

También conocida como litterae africanae, porque uno de los centros escritorios más importantes estaba situado en el Norte de África. Otros la conocen como litterae tunsae, haciendo referencia al trazado y a las formas redondeadas y un tanto aplastadas. Los paleógrafos la llamaron semiuncial.

Entre sus letras características, destacan:

-“a”: abierta y confundiéndose con una “u”.
-“g”: como si fuese un “5”.
-“r”: se puede confundir con una “s”.
-“n”: siempre mayúscula.
-“f”: en unos documentos en mayúscula, en otros en minúscula.

Entre los primeros centros que muestran esta escritura, encontramos el de San Hilario, en una zona con una clara influencia en el Norte de África, hacia el año 510. Fue usada especialmente en textos de estudio y lectura en las comunidades religiosas, por autores cristianos y en colecciones de cánones. Entre el siglo V y los primeros años del siglo VII, de todos los manuscritos que se han fechado en Italia, el 35% de la escritura es semiuncial; y el 65% restante, uncial. Por tanto, fue la escritura más empleada después de la uncial. Se utilizó en Europa durante el siglo VII, y finalmente fue imitada en el centro carolingio de San Martín de Tours.


Ejemplos:

-Documento de San Hilario de Poitiers (año 509/510; Biblioteca Apostólica Vaticana; signatura Basilicanus D182): este centro fue uno de los primeros en adoptar esta escritura semiuncial.

Ordenación de San Hilario de Poitiers. Imagen: Legenda Aurea
-Documento en semiuncial (siglo VII; Biblioteca Nacional de París; manuscrito 2110): contiene fragmentos de textos extraídos de las obras de San Agustín.

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada