Una mujer romana ejemplar: la Laudatio Turiae

Fragmentos de la Laudatio Turiae. Font: VRoma Project, 2007 (http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Laudatio_turiae_2.jpg).

La Laudatio Turiae (CIL VI, 1527) es una inscripción funeraria (laudatio funebris) fragmentada hallada en Roma, de finales del siglo I a. C., que recoge los elogios de un marido a su mujer, de nombre Turia o Curia, describiendo los principales sucesos de su vida, centrada en las proscripciones de los triunviros (década de los 40’ a. C.). El hombre repasa la vida cuotidiana de su matrimonio y de su esposa, que diferencia de Fulvia ésta sí que responde positivamente a la visión tradicional de lo que debía ser una mujer romana. A pesar de que en muchas ocasiones las condiciones de algunas mujeres aparecen demasiado exageradas, como podría ser el caso de Turia, con expresiones tales como “la más excepcional, la más casta, el modelo supremo de las esposas”, indican claramente aquellas virtudes que más apreciaban los romanos en las mujeres.

Aunque nos ha llegado muy fragmentada y no se han conservado los nombres ni de la difunta ni del esposo, fue nombrada Laudatio Turiae en el siglo XVIII, cuando un erudito relacionó el epitafio con el relato del cónsul Quinto Lucrecio Vespilión y su mujer Turia, quien le escondió en un falso techo de su habitación durante el contexto de las proscripciones, como nos relata Valerio Máximo en Facta et Dicta Memorabilia (VI, 7, 2):

“A Quinto Lucrecio, que había sido proscrito por los triunviros, su mujer, Turia, con la ayuda de una esclava, le salvó de la muerte inminente escondiéndole entre la techumbre de su cuarto, sin pensar en el grave peligro que corría. Y lo hizo con tal lealtad que, mientras los demás proscritos apenas podían sobrevivir en regiones extrañas y hostiles, en medio de terribles sufrimientos tanto físicos como morales, Quinto Lucrecio, sin embargo, salvó su vida en su propio cuarto y en el regazo de su mujer”.

No obstante, en el siglo XX se rehusó esta teoría, aunque se aceptó que Turia y su esposo vivieron durante esta época y padecieron una situación muy similar.

Entre los principales acontecimientos de su vida, poco antes de casarse sus padres fueron asesinados, posiblemente durante la guerra civil entre Julio César y Pompeyo. Él insiste en el valor de su amada, quien actuó como se esperaba de una mujer romana durante el tiempo que su padre estuvo fuera de Roma guerreando (seguramente en el bando pompeyano), exigiendo la joven el castigo para los culpables. Pese a que el testamento del padre de Turia dejaba como herederos a ésta y a su marido, Turia quiso compartirlo con su hermana pequeña, también “virtuosísima”, pero algunos familiares ambiciosos quisieron declararlo nulo y exigieron ser nombrados tutores de Turia y administradores de sus bienes. Turia, sola, fue a juicio para defender la voluntad de su padre “Cedieron ante tu firmeza y no prosiguieron la causa. Al hacer esto, tú sola concluiste la defensa que asumiste del debe hacia tu padre, del afecto hacia tu hermana y de la fidelidad hacia nosotros” (Columna I – Fragmentos A, B y C, líneas 25-26; esta y las demás traducciones de la Laudatio Turiae están extraídas de la página web de Pedro León Magister Humanitatis, 2013).

Poco después del final la guerra civil, con el asesinato de Julio César el poder de Roma volvió a dividirse entre sus partidarios, representado por Octaviano, Marco Antonio y Lépido, y los conspiradores del asesinato de César, representantes de la aristocracia senatorial más conservadora. Los triunviros se hicieron con el poder de Roma, asesinando y confiscando a los sospechosos -y a sus ayudantes- de haber participado en la conjura contra Julio César. En consecuencia, el marido de Turia, posible combatiente pompeyano, podría haber estado acusado por algún enemigo, siendo su nombre incluido en la lista de proscritos. Sería entonces cuando Turia, mujer fiel y obediente, organizó todo lo necesario para mantener a su esposo sano y salvo, ocultándolo exitosamente hasta que fue perdonado. Turia cumple perfectamente el papel de una mujer perfecta: “Raros son los matrimonios tan largos, acabados por la muerte, no rotos por el divorcio: pues nos ocurrió a nosotros, que lo llevamos hasta 41 años casados sin agravios” (Columna I – Fragmentos A, B y C, líneas 27-28). Un matrimonio que fue largo y perfecto, lamentando el marido que ella muriese antes siendo más joven.

Fueron felices, pero él lamenta que no tuviesen hijos. Destaca nuevamente su virtud cuando ésta quiso que se divorciase de ella para poder tener hijos con otra mujer, proposición que él rechazó inmediatamente, pues prefería vivir con ella sin hijos que con hijos y sin ella: “¿Por qué iba yo a tener tanto deseo o necesidad de tener hijos hasta el punto que por ello faltaría a la fidelidad, cambiaría lo cierto por lo dudoso? Pero, ¿para qué decir más? Cediendo te quedaste junto a mí, pues yo no podía ceder ante ti sin deshonor mío y nuestra común infelicidad” (Columna II – Fragmentos D, E y G, líneas 44-47). Por eso y por muchas otras cosas que se muestran a lo largo del epitafio, su esposo se muestra notablemente agradecido por su vida, sintiendo dolor por la enorme pérdida que siente: “El dolor natural arranca las fuerzas a mi firmeza, me hundo en el dolor y me oprimen este dolor y disgusto y no resisto a ninguno de las dos. Evocando mis desgracias y pensando en el futuro me derrumbo, privado de tantos y tales auxilios. Contemplando tu gloria no veo que soporte esto con tanta firmeza que me libre de la nostalgia y la aflicción” (Columna II – Fragmentos D, E y G., líneas 63-66). Ella fue muy inteligente y generosa con su amado, se lo entregó todo, su confianza, su vida y todos sus bienes; y él, muy agradecido, continuó viviendo para agradecérselo y pagárselo con lo mismo: amor, fidelidad y recuerdo: “La conclusión de esta oración será que tú lo mereciste todo pero no todo me fue bien para dártelo. Tengo como ley tus últimas voluntades. Lo que sea capaz de hacer de más, lo cumpliré. Espero que tus dioses Manes te permitan descansar y así te conserven” (Columna II – Fragmentos D, E y G, líneas 67-69).

Como explica Cantarella (1997: 159), para entender las características del matrimonio romano de esta época, hay que desprenderse “[…] de ideas anacrónicas como lo son, con referencia a aquella época, la idea de ‘pareja’ y la de ‘amor’ aplicado al matrimonio”. Entonces, para entender el matrimonio romano “[…] hay que afrontar la visión del matrimonio como acuerdo-alianza entre dos familias, concluido por razones que podían ser económicas, sociales o políticas […] y por el deber cívico de organizar, en el marco de estos acuerdos, una ordenada y racional reproducción de los grupos familiares”. Es la alianza familiar la que consolida el Estado (Plut., Cato minor, 25). Y las mujeres, como buenas ciudadanas, tenían que aceptar dicha función, como demuestra la historia de Turia, quien llegó a proponerle a su esposo que la abandonase para tener hijos con otra mujer.

El consorte de Turia destaca en todo momento estas virtudes de su mujer, las de la mujer que todo romano quería: “Tus virtudes domésticas de recato, indulgencia, hospitalidad, afabilidad, destreza con la lana, religiosidad sin superstición, no preocupada por el lujo, de vestir sencillo” (Columna I – Fragmentos A, B y C, líneas 30-31). Al principio del epitafio, con la pérdida de la administración de los bienes de su padre, Turia se presenta con una imagen desdoblada de las virtudes del retrato femenino, actitud propia de Fulvia, ejemplo de mujer pérfida e intervencionista: “[…] valiente, decidida, arriesgada por un lado, interviniendo en los diversos aspectos de la vida pública, con un comportamiento impropio para su época; pues no podemos olvidar que ninguna participación fuera del ámbito del hogar era apropiada para las mujeres de la aristocracia, con excepción de algunos papeles en festividades religiosas” (Torres y Robles, 2002: 19), aunque con la solución de sus problemas, Turia recuperó su actitud pudorosa, un regreso a la integridad de las costumbres, virtudes femeninas por excelencia.

Bibliografía
-CANTARELLA, E., La calamidad ambigua, Madrid, Ediciones Clásicas, 1991 (1ª edición italiana).

-CANTARELLA, E., Pasado próximo. Mujeres romanas de Tácita a Sulpicia, Madrid, Editorial Cátedra, 1997 (1ª edición italiana, 1985).

-GUILLÉN, J.,  Urbs Roma IV. Vida y costumbres de los romanos. Constitución y desarrollo de la sociedad, Ediciones Sígueme, Salmanca, 2004 (1ª edición, 2000).

-TORRES, J.; ROBLES, J. Mª, "Epitafio de una esposa ejemplar: la "Laudatio Turiae". Torres Prieto, J. M. (coord.), Historica et Philologica: in honorem, Cantabria, Universidad de Cantabria, 2002, pp. 15-28.

-VALERIO MÁXIMO, Hechos y dichos memorables. Libros I-VI (introducción, traducción y notas de S. López Moreda, Mª L. Harto Trujillo y J. Villalba Álvarez), Madrid, Editorial Gredos, 2003.

Páginas web
-Laudatio Turiae: el epitafio romano más célebre [en línea]. [Consulta: 17 de gener de 2015]. Disponible en: <http://aprendelatinonline.blogspot.com.es/2013/08/laudatio-turiae-el-epitafio-romano-mas.html>.

-Traducción de la Laudatio Turiae [en línea]. [Consulta: 17 de gener de 2015]. Disponible en: <https://sites.google.com/site/magisterhumanitatis/escritores-latinos/laudatio-turiae/traduccion-de-la-laudatio-turiae>.

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