Capital cursiva

Fresco pompeyano
Al mismo tiempo que se utilizaba la capital epigráfica, también se empleó, en el ámbito privado, otras escrituras de ejecución mucho más rápida y que normalmente parece que eran realizadas como grafitis. Textos escritos sobre soportes duros con instrumentos de punta metálica. Según Giorgio Cencetti, entre los siglos V y III a. C. era habitual esta práctica en capital cursiva. Plauto ironizó al respecto sobre si estos documentos fueron escritos por gallinas. Otros autores, como Lluís Vives o Miguel de Cervantes en su Quijote, hacen referencia a estas letras como “endemoniadas”.

No se puede evaluar la intensidad de la escritura en el ámbito privado, pues apenas se han conservado textos. Uno de los pocos ejemplos serían las tablillas de cera de Pompeya. En esta escritura cursiva, como veremos a continuación, la persona que escribe posiblemente era una persona que no tenía ninguna necesidad gráfica. Es una caligrafía, por tanto, de gran difusión.

Las letras características, según Cencetti son:

-“A”: trazos rectos. Quien escribe utiliza un punzón metálico sobre un soporte duro.
-“O”: no es redonda, sino angular.
-“E” y “F”: sufren una transformación. Como están escribiendo con un instrumento metálico, no hay mucha movilidad, de forma que los trazos van perdiendo su inclinación y tienden a ser paralelos.
-“R”: parecida a la nuestra, pero el segundo trazo se separa del primero.

Otras transformaciones de la escritura capital cursiva son las letras “B” y “D” (por ejemplo, los grafitis de Pompeya). Son el fruto de une ejecución rápida que tiende a disminuir el número de líneas constitutivas de una letra. Cabe la posibilidad de que la transformación de estas letras sea porque son empleadas sobre soportes blandos (tablillas de cera), o bien en lugares con escrituras en cálamo sobre papiro. En torno a los siglos I a. C. – I d. C. se extendió el uso de las tablillas enceradas y de cálamo sobre papiro. Estos dos nuevos soportes contribuyeron decisivamente a la difusión de la escritura y de la instrucción escolar. Según la utilización de unos soportes u otros, así como el tipo de ejecución, Armando Petrucci situó esta transformación de la “B” o la “D” entre las personas alfabetizadas que tenían una cierta instrucción, mientras que aquellas personas que escribían sin instrucción alguna, lo harían sin estas formas cursivas.

Entre los siglos I a. C. y I d. C., la escritura capital cursiva presentaba un aspecto perfecto y definitivo. Entre sus características, destacan:

-Tendencia a la cuadrilinidad. El sistema de la mayúscula es bilineal, mientras que el minúsculo es cuadrilineal, hallando dos paralelas en la parte inferior y otra en la parte superior.
-Ausencia de ligaduras; cada letra se elabora de forma aislada.
-Ligera inclinación hacia la derecha, presentando muchas transformaciones posteriores.

La escritura capital cursiva continuó en uso hasta finales del siglo III d. C., aunque con muchas transformaciones posteriores.

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