La edilidad

Los ediles organizaban los juegos públicos
Según la tradición, en el año 494 a. C. aparecieron los ediles de la plebe (aedilis), como un órgano que se concedió a la plebe para luchar contra el Senado patricio. Tenían la función de administrar el templo de Ceres, Líber y Libera, divinidades campesinas de los plebeyos, dentro del cual se encontraba el archivo plebeyo. El sistema de elección era el mismo que para el tribunado de la plebe. Desde mediados del siglo IV a. C. (hacia 367/6 a. C.), con la finalización de la lucha patricio-plebeya, se integraron como magistrados y fueron duplicados en número con la inclusión de dos patricios, empezando a elegirse ediles cada cuatro años: dos plebeyos y ahora, también, dos curules, éstos segundos jerárquicamente superiores a los primeros, elegidos al principio exclusivamente entre los patricios, aunque con el tiempo los plebeyos también pudieron acceder a la edilidad curul. La edilidad se estructuraba en tres grandes apartados: policial, económico-administrativo y organización de juegos públicos. El año 46 a. C., finalmente, se crearon dos ediles más, los ceriales, exclusivamente para las distribuciones del grano.

Entre las competencias de los ediles, destacan:

1. Vigilaban el orden público tanto en Roma como en una distancia de una milla del perímetro de los muros. Tenían competencia “policíaca”, según el significado actual del término, por el cual los ediles tenían determinados derechos. Ellos, como los pretores, publicaban al principio de su legislatura un edicto en el cual exponían públicamente las bases de su política.

2. Custodiaban los edificios y las construcciones, la limpieza de las calles y las plazas, las condiciones sanitarias de las termas, la conservación de los archivos, el control de la prostitución, etc.

3. Procuraban la provisión de alimentos, luchaban contra la especulación sobre los artículos de primera necesidad, vigilaban la calidad de los productos del mercado y controlaban los pesos y las mesuras.

4. Organizaban los juegos públicos, por los cuales recibían una determinada suma del Estado, aunque era considerada insuficiente para satisfacer los gustos de la población. Así pues, los ediles tenían que sacar medios económicos propios, destinando grandes sumas de dinero para conseguir la simpatía del pueblo, pues éstos eran sus electores. Por tanto, la edilidad curul era impensable para gente que no disponía de suficientes medios económicos suficientes, en otras palabras, sólo los ricos podían costearse el cargo –del cual no recibían ningún beneficio económico-, o bien también alguien con menos recursos podía endeudarse para satisfacer al pueblo, caso parecido al del propio Julio César. Hay que decir que, a partir del año 213 a. C., el erario público dejó de costear los juegos, y por tanto este coste aumentado, sumado al aprovisionamiento de la ciudad, reducía aún más la lista de ciudadanos que podían permitirse el cargo, por su carácter oneroso, aunque reportaba al edil una gran popularidad respecto a futuras elecciones.

5. El edil no tenía imperium. Eran elegidos por los comicios por tribus bajo la presidencia de un cónsul (para los ediles curules) o de un tribuno de la plebe (para los ediles plebeyos).

Bibliografía
-FERNÁNDEZ NIETO, F. J. (coord.), Historia Antigua de Grecia y Roma, Valencia, Tirant lo Blanch, 2005.

-KOVALIOV, S. I., Historia de Roma (edición revisada y ampliada por Domingo Plácido), Madrid, Akal, 1989.

-ROLDÁN, J. M., Instituciones políticas de la República romana, Torrejón de Ardoz, Akal "Historia del Mundo Antiguo", 1990.

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