La crisis republicana. Desequilibrio social. Compromiso imperialista romano: 'Nobilitas' y 'Publicani'

Senado romano. Foto de la serie "Rome"
Con la finalización de las guerras púnicas con la destrucción de Cartago y con la caída de Corinto en el año 146 a. C., se hizo evidente la expansión militar e imperialista de la República Romana, lo cual se vio reflejado con la larga conquista de la Península Ibérica y los territorios griegos y orientales. Es en este contexto, en mitad de la lucha bélica de los gobernadores provinciales por expandir sus dominios, cuando surgió la figura de Tiberio Sempronio Graco (180-197 a. C.), con una labor diplomática de pacificación del territorio de la Celtiberia, una política de pactos que se vio plasmada con el asentamiento de contingentes indígenas en los valles del Ebro y del Guadalquivir.

Los actos de Tiberio en Hispania puso “[…] en evidencia el problema más grave de la política expansionista romana: la apropiación de tierras de cultivo por parte de Roma y la necesidad que de ellas tenían los indígenas. Esta necesidad fue una constante en los sucesos posteriores, recrudecidos a partir del 154, en una guerra para la que Roma solo aceptaría la rendición total o el aniquilamiento de los pueblos celtíberos y lusitanos(Ferrer Maestro, 2005: 384).

El Senado romano, antaño con unas funciones de asesoramiento institucional, con la expansión territorial más allá de la Península Itálica, fue adquiriendo con el tiempo unas prerrogativas mayores, convirtiéndose en el máximo exponente organizativo del Estado romano. Durante la República subsistió una de las funciones que el Senado había tenido en tiempos monárquicos: la de gobernar en la ciudad cuando estaban vacantes las magistraturas supremas (Díaz, 1983: 184), a pesar de que esta situación extrañamente se dio, debido a que eran dos los cónsules. Sería en el entorno del Senado donde surgieron las dos órdenes que dominarían la política romana de los dos últimos siglos de la República (s. II y I a. C.): el ordo senatorius y el ordo equester.

El primero, el ordo senatorius, de carácter oligárquico, estaba compuesto por las familias más poderosas de la República, en posesión de una gran cantidad de bienes inmuebles, los cuales se incrementaban a medida que las expansiones militares progresaban, anexándose nuevos territorios. Estamos ante el origen de la nobilitas, en otras palabras, la oligarquía senatorial romana. En este sentido, destacan las palabras de Duplà (2007: 191): “[…] la definición de Roma como una oligarquía resultaría incorrecta, pues no valora suficientemente el elemento popular de las elecciones. De hecho, incluso un patricio y un nobilis debían competir por los honores y no los tenían asegurados por su estatus”.

Ésta se sirvió de clientelas, alianzas y otras influencias para dirigir los intereses del Estado, unos intereses que solían ser los mismos. Atendiendo a este deseo particular de aumento del poder propio, no es extraño que este sector nunca formó un grupo compacto, competiendo entre ellos, lo cual, con el paso del tiempo, acabaría desestabilizando la República romana.

En este sentido, son muy esclarecedoras las palabras de Salustio Crispo (Guerra de Jugurta, 41): “[…] los conflictos del partido popular y de la nobleza y también todas las intrigas subsiguientes, se hicieron habituales en Roma pocos años antes, a raíz de la tranquilidad y de la abundancia [...]. Pues antes de la destrucción de Cartago, el Senado y el pueblo romano dirigían la República de común acuerdo, [...], y no había entre los ciudadanos lucha por los honores, o por el poder: el miedo al enemigo mantenía a la ciudad en la práctica del bien. Pero cuando aquel temor desapareció de sus mentes, se apoderaron de ellos el desenfreno y la soberbia, vicios que son inherentes a la prosperidad. [...] la nobleza empezó a poner al servicio de sus pasiones su grandeza y lo mismo hizo el pueblo con su libertad; buscaban sólo su provecho individual [...]. De este modo, los dos bandos trataban de apropiárselo todo, y la República, que estaba en medio, quedó hecha jirones”.

En segundo lugar, encontramos el ordo equester, todos aquellos aristócratas que no se decantaron por la carrera senatorial, sino que emprendieron otros caminos, como los negocios, prestamos, financiamientos o bien la prestación de otros servicios administrativos al Estado. En definitiva, unos servicios de quienes dependió, en gran parte, la gestión de la República. Formaron, así pues, el grupo llamado publicani.

Entre los dos grupos, nobilitas y publicani, surgieron grandes rivalidades políticas y económicas, unos enfrentamientos de poder que se reflectaron en el día a día de la política romana, con intrigas y maniobras políticas por hacerse con el control de diversos órganos de poder. Estamos ante el origen de la grave crisis social que, con el paso del tiempo, acabaría perjudicando de una manera inevitable a la República romana.


Bibliografía
-DÍAS BAUTISTA, A., “La República romana”. Anales de Derecho, 4, 1983, pp. 177-186.

-DUPLÀ, A. “Interpretaciones de la crisis tardorrepublicana: del conflicto social a la articulación del consenso”. Studia Historica. Historia Antigua, 25, 2007, 185-201.

-FERRER MAESTRO, J. J., “El apogeo de la República”. Historia Antigua de Grecia y Roma, Fco. Javier Fernández Nieto (coord.), Valencia, Tirant lo Blanch, 2005, pp. 373-423.


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