El tribunado de la plebe


El tribunado de la plebe surgió como una magistratura plebeya, carácter que mantuvo prácticamente hasta finales de la República, como órgano defensivo contra la arbitrariedad política de los magistrados patricios (otra herramienta fue la edilidad plebeya) y defendiendo la igualdad política entre patricios y plebeyos. Surgió, supuestamente, en torno al año 496 a. C., con las primeras secesiones de los plebeyos (Monte Sacro), teniendo en esencia un carácter revolucionario, que no abandonará en muchos momentos de su historia. En un principio los tribunos eran elegidos en las asambleas plebeyas de tribu (comicios tribales) presididas por un tribuno, pero con el paso del tiempo adquirieron carácter estatal, convirtiéndose en un órgano de control de la democracia, de la voluntad del pueblo, especialmente durante los momentos de los grandes movimientos militares. Eran diez, elegidos anualmente (entraban en el cargo el 10 de diciembre), formando un colegio propio presidido por uno de ellos (por acuerdo o por votación).

Entre sus principales funciones, tareas y derechos, destacan:

-En un principio eran magistrados de la plebe (aunque después se convirtieron en defensores de la ciudadanía en general, como veremos a continuación), no tenían lictores sino escribas y heraldos. No ocupaban silla curul, sino un lugar menos elevado. De la misma forma, no tenían derecho a los auspicios, ni derechos militares ni jurisdicción civil en Roma. Estas disposiciones fueron cambiando conforme avanzaba y se transformaba el sistema político republicano.

-Como funcionarios no eran responsables, disfrutando del privilegio de la inmunidad: aquel que ofendiese o causase daño a un tribuno de la plebe era duramente castigado, quedando fuera de la ley (sacrosanctitas).

-Ius auxilii: uno de sus derechos más antiguos. El tribuno de la plebe debía intervenir a favor de cualquier ciudadano que se dirigiese a él con una reclamación contra cualquier magistrado, con excepción del dictador. Para que se le encontrase fácilmente en caso de necesidad, no podía dejar Roma durante más de un día y la puerta de su casa debía mantenerse abierta todo el día. Así pues, si un condenado a muerte, por ejemplo, se refugiaba en su casa, tenía derecho de asilo y nadie podía llevárselo por la fuerza (igual que en los templos).

-Derecho a vetar (intercessio): partiendo del ius auxilii, con el paso del tiempo, se desarrolló un derecho de protesta contra las decisiones de los otros funcionarios, las decisiones del Senado e, incluso, contra las rogationes (propuestas de ley) presentadas en las Asambleas populares. Si un tribuno consideraba que esta propuesta o decisión era contraria a los intereses de los plebeyos, tan sólo tenía que decir “veto” para provocar la suspensión inmediata de ésta, una suspensión que no se retiraría hasta que el mismo tribuno retirase su “veto”. Cada uno de los tribunos tenía derecho individual de vetar, dando constantemente problemas en la toma de disposiciones y leyes, degenerando con el tiempo en un abuso y control del poder (corrupción) por parte de algunos enemigos de la democracia, convirtiéndose en ocasiones en una arma de lucha facciosa eficaz (un método podía ser la incorporación de un no plebeyo al grupo mediante alguna argucia legal).

-Tenían derecho a recurrir a la fuerza contra aquellos que obstaculizasen su actividad: multas económicas, arrestos, pena de muerte, etc.

-En un primer momento, los tribunos tenían el derecho a convocar, presentar propuestas y presidir las asambleas de la plebe. Después, con la desaparición de las diferencias entre las asambleas de la plebe y los comicios tribales, los tribunos de la plebe obtuvieron la posibilidad de tomar decisiones en la legislación estatal (ius agendi cum populo). Asimismo, consiguieron el acceso al Senado e incluso el derecho a convocarlo (ius agendi cum patribus). También podían presidir la elección de cualquier magistrado, incluso de los dictadores. En otras palabras, el colegio de los tribunos de la plebe se convirtió en un cuerpo de magistrados del nuevo Estado patricio-plebeyo, extendiendo sus funciones a todo el cuerpo ciudadano como protector del pueblo contra el abuso autoritario del resto de los magistrados.

-A pesar del poder creciente de los tribunos, quedaba limitado por el derecho de intercesión de los colegas y por el hecho de que tenía jurisdicción tan sólo sobre el territorio ciudadano y en un radio aproximadamente de 1,5 quilómetros de la ciudad. Su veto no podía actuar contra la decisión del dictador, y quedaba limitado su poder durante el tiempo que estuviese en el cargo (generalmente, un año, siempre y cuando no renovase por uno o más años el tribunado en las elecciones de los siguientes años).

-Otras: competencias en jurisdicción criminal, siempre y cuando no fuese en casos de pena de muerte; comunicaciones al pueblo, citación de particulares o de magistrados; proponían plebiscitos; etc.

Cicerón escribió (Sobra las leyes III, 19-22) en contra del tribunado de la plebe, poniendo en boca de su hermano Quinto el siguiente fragmento, contextualizado en época de Sila y sus medidas dictatoriales:

“Pero yo querría saber, hermano, qué opinión tienes tú sobre esta potestad ya que a mí me parece funesta por cuanto nació en la sedición y para la sedición. Si recordamos su origen, vemos que nació en medio de una guerra civil, invadidos y asediados los barrios de Roma. Después fue rápidamente suprimido, en virtud de la ley de las Doce Tablas, como si se tratara de un parto monstruoso y al poco tiempo, no sé cómo, volvió a nacer, aún más repugnante y criminal, pues ¿qué fechoría dejó sin cometer? Para empezar, cosa digna de su impiedad, suprimió todos los honores de los senadores y corrompió y alteró a lo más alto y a lo más bajo al equipararlos entre sí. Ni siquiera se detuvo después de haber ofendido el prestigio de los nobles. Pues, aunque pasemos por alto a C. Flaminio y demás historias ya muy antiguas, ¿qué autoridad les dejó a los notables el tribunado de Tiberio Graco? Aunque ya cinco años antes, C. Curiacio, tribuno de la plebe, el más despreciable y vil de los hombres había encarcelado, algo nunca visto hasta entonces, a los cónsules -ésos sí que eran grandes hombres- D. Bruto y P. Escipión. Pero y el tribunado de C. Graco, ¿acaso no corrompió a toda la República con los puñales que, según dijo, arrojó al foro para que los ciudadanos combatieran entre sí? Y ¿qué diré de Saturnino, de Sulpicio y de los demás, de quienes la República no pudo librarse sino por la fuerza de las armas? […] Por ello, apruebo en este punto decididamente a Sila quien, con una ley suya, quitó a los tribunos la potestad de cometer injusticitas y les dejó la de prestar protección”.

Bibliografía
-FERNÁNDEZ NIETO, F. J. (coord.), Historia Antigua de Grecia y Roma, Valencia, Tirant lo Blanch, 2005.

-GUILLÉN, J., Urbs Roma II. La vida pública, Salamanca, Ediciones Sígueme, 2002 (1ª ed. 1978).

-GUILLÉN, J., Urbs Roma IV. Constitución y desarrollo de la sociedad, Salamanca, Ediciones Sígueme, 2009 (1ª ed. 2000).

-KOVALIOV, S. I., Historia de Roma (edición revisada y ampliada por Domingo Plácido), Madrid, Akal, 1989 (1ª ed. 1948).

-ROLDÁN, J. M., Instituciones políticas de la República romana, Torrejón de Ardoz, Akal "Historia del Mundo Antiguo", 1990.

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