El consulado


Los dos cónsules de Roma eran los magistrados ordinarios más importantes del sistema político republicano, representantes del poder estatal (poder real único e indivisible). El origen del consulado es un tanto oscuro (ver “Teoria de Niettuschil sobre el posible inicio del consulado”). Eran elegidos anualmente por reunión de los comicios centuriados bajo la dirección de un cónsul (el del año que termina) para entrar en funciones a principios de año, el 1 de marzo, siendo sólo posteriormente cuando se trasladó esta fecha de inicio de año al 1 de enero, por motivos eminentemente militares.

Los cónsules eran epónimos, en otras palabras, daban nombre al año: por ejemplo, el 28 a. C. fue conocido como I. Caesar Octavianus M. Vipsanius Agrippa consulibus (durante el consulado de J. Cesar Octaviano y M. Vipsanio Agripa). Su autoridad era tan importante que eran acompañados por doce lictores cada uno, llevando en sus manos los fasces como signo del imperium consular. Sólo sería fuera de la ciudad cuando los lictores le añadirían el hacha a los fasces, símbolo de vida o muerte (justicia). Evidentemente, en un principio esta alta magistratura sólo era ocupada por patricios, aunque a partir del 367 a. C., con las leyes de Gayo Licinio y Lucio Sextio (376-367 a. C.) encontramos al primer cónsul plebeyo el 366 a. C. (el propio reformador Lucio Sextio. A partir de este año, debía haber por ley un cónsul patricio y otro plebeyo), asentándose definitivamente el sistema del consulado, eliminando anteriores formas de gobierno como la elección de seis tribunos militares con poder consular, de un pretor máximo o cónsules pretores o decenviros.

El principio del consulado era la colegialidad, teniendo los dos cónsules el mismo poder, con derecho a veto sobre las decisiones del colega. A veces, no obstante, cuando sólo era necesaria la presencia de uno, elegían a suerte o amistosamente cuál de los dos ejercería el cargo en un determinado momento (presidencia de los comicios, etc.). En cambio, en casos de guerra, cuando uno de los dos cónsules era enviado a combatir, el otro esperaba en la ciudad; excepto en los casos en que los dos cónsules eran enviados, con la consiguiente repartición de las zonas o provincia mediante acuerdo amistoso, por suerte o simplemente por decisión del Senado. Pero cuando era necesario enviar a los dos cónsules a un mismo escenario, estos se dividían la comandancia: un día uno, un día el otro.

Tenían poderes civiles y militares:

-Civiles (potestas): convocaban al Senado y a las Asambleas populares (comicios centuriados y tribales), las cuales presidían, proponían proyectos de ley y otras disposiciones. También dirigían las elecciones de los funcionarios y ejecutaban las decisiones del Senado y del pueblo. Eran competentes en temas de jurisdicción civil que no eran transferidos a los pretores (adopciones, manumisiones, emancipaciones, etc.). Se ocupaban de la seguridad interna de la ciudad, organizaban algunas fiestas, etc.

-Militar (imperium militar): eran la alta comandancia del ejército romano, indicaban el reclutamiento y completaban las legiones, nombraban una parte de los tribunos militares (el resto, se elegían en los comicios tribales), dirigían las acciones militares, tenían derecho de coercitio sobre las tropas (jurisdicción sobre las tropas), etc.

No obstante esto, con la expansión de la administración pública, muchas de las tareas tradicionalmente asignadas a los cónsules pasaron a manos de otros magistrados o del Senado (elección de las provincias después del año consular, nombrar a un dictador en caso de necesidad, etc.). Así pues, hacia finales del período republicano, pocas de estas prerrogativas continuaban siendo ejercidas por los cónsules, a excepción del poder militar y de algunas ceremonias de Estado (por ejemplo, el censor fue acaparando más poder y atribución financiera, con la confección de listas de ciudadanos, formas de elección de los miembros del Senado, vigilancia de las costumbres, etc. El poder del cónsul iba fraccionándose, quedándole el poder militar, mientras el poder judicial pasó a manos de los pretores como respuesta de los patricios a las leyes de Licinio y Sextio del 367 a. C.). En otras palabras, su poder efectivo terminó siendo, especialmente en época imperial, una representación simbólica de la continuidad de la comunidad estatal tradicional.

Bibliografía
-FERNÁNDEZ NIETO, F. J. (coord.), Historia Antigua de Grecia y Roma, Valencia Tirant lo Blanch, 2005.

-GUILLÉN, J., Urbs Roma II. La vida pública, Salamanca, Ediciones Sígueme, 2002 (1ª ed. 1978).

-GUILLÉN, J., Urbs Roma IV. Constitución y desarrollo de la sociedad, Salamanca, Ediciones Sígueme, 2009 (1ª ed. 2000).

-KOVALIOV, S. I., Historia de Roma (edición revisada y ampliada por Domingo Plácido), Madrid, Akal, 1989 (1ª ed. 1948).


-ROLDÁN, J. M., Instituciones políticas de la República romana, Torrejón de Ardoz, Akal "Historia del Mundo Antiguo", 1990.

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