Rómulo, primer rey de Roma

Romolo e Remo. P. P. Rubens, ca. 1615
Rómulo (753-717 a. C.) fue el primer rey de Roma, su fundador. Para poblar la ciudad, Rómulo recogió a los proscritos perseguidos y raptó a las sabinas ante la falta de mujeres en la nueva ciudad, hecho que ocasionó un conflicto armado entre romanos y sabinos. Esta disputa se detuvo gracias a la intervención de las mujeres, mediación que propició una alianza entre las dos comunidades. Así, los romanos de Rómulo y los sabinos del rey Tito Tacio formaron una única comunidad.

A Rómulo se le atribuye la creación del Senado de 100 hombres y la división del pueblo en tres tribus y treinta curias, e iniciador de la dualidad entre plebeyos y patricios que tantos problemas comportó a la sociedad republicana. En el ámbito militar, Rómulo creó una especia de ejército primitivo, basado en 3.000 infantes y 300 jinetes, de tipo temporal, ejército con el que pudo hacer frente al ataque y defensa de las tierras del Lacio.

Se ha especulado sobre su posible muerte, de la cual hay dos tradiciones bien distintas. La primera afirma que murió en maniobras militares en el Campo de Marte; mientras que la segunda cuenta que fue víctima de un complot senatorial. Lo que parece claro, sin embargo, es que con su muerte, Rómulo recibió honores divinos.

Con mucha seguridad, el propio Rómulo, así como la resta de los reyes de Roma, es un personaje ficticio, modelo basado en el esquema de héroe fundador griego u oikistés, figura desconocida para los romanos y que, con esta incorporación tan primitiva, indica una fuerte helenización de las costumbres romanas en tiempos arcaicos. La tradición de los sabinos, nunca confirmada, sería pues un relato tradicional resultado de un largo proceso de elaboración, para enriquecer el pasado de Roma y dotarlo de grandeza.

La fundación de Roma y el reinado de Rómulo en Tito Livio (I, 6, 3-4):

Una vez devuelto de esta forma a Numitor el trono de Alba, caló en Rómulo y Remo el deseo de fundar una ciudad en el lugar en que habían sido abandonados y criados. […] Como al ser gemelos ni siquiera el reconocimiento del derecho de primogenitura podía decidir a favor de uno de ellos, a fin de que los dioses tutelares del lugar designasen por medio de augurios al que daría nombre a la nueva ciudad y el que mandaría en ella una vez fundada, escogen, Rómulo, el Palatino y, Remo, el Aventino como lugares para tomar los augurios.

Cuentan que obtuvo augurio, primero, Remo: seis buitres. Nada más anunciar el augurio, se le presentó doble número a Rómulo, y cada uno de ellos fue aclamado como rey por sus partidarios. Reclamaban el trono basándose, unos, en la prioridad temporal, y otros en el número de las aves. Llegados a las manos en el altercado consiguiente, la pasión de la pugna da paso a una luchar a muerte. En aquel revuelo cayó Remo herido de muerte. Según la tradición más difundida, Remo, para burlarse de su hermano, saltó las nuevas murallas y, acto seguido, Rómulo, enfurecido lo mató a la vez que lo increpaba con estas palabras: ‘Así muera en adelante cualquier otro que franquee mis murallas”’. Rómulo, por consiguiente, se hizo con el poder en solitario; la ciudad fundada recibió el nombre de su fundador”.

Y en Plutarco (Rómulo, 11):

Después de haber enterrado conjuntamente a Remo y a sus padres adoptivos en la Remoria, Rómulo se dispuso a levantar la ciudad. Para ello hizo venir de Etruria a unos hombres que le guiaran y enseñaran los ritos y fórmulas que debía observar, como en una ceremonia religiosa. Hacia el lugar llamado hoy Comicio se cavó una fosa circular, donde se arrojaron las primicias de todo cuyo uso está legitimado por la ley o impuesto por la naturaleza; finalmente cada uno echó un puñado de tierra traído de su lugar de origen y se mezcló todo. A esta fosa le dan el nombre de mundus, el mismo que en el Olimpo. Después se trazó alrededor de este centro la muralla de la ciudad, dándole la forma de un círculo. Tras poner a su arado una reja de bronce, el fundador lo unció a un buey y a una vaca y lo condujo cavando a un surco profundo sobre la línea circular que se había trazado. Le seguían unos hombres encargados de echar hacia adentro los terrones que levantaba el arado, sin dejar ninguno fuera. Esta línea marca el contorno de las murallas y lleva el nombre de pomerium, palabra sincopada que significa ‘detrás de la muralla’. Allí donde se quiere intercalar una puerta, se retira la reja, se levanta el arado y se deja un intervalo. Así se considera sagrado todo el muro a excepción de las puertas, pues si se tiene a estas por sagradas no se podría, sin temer la cólera divina, hacer pasar por ellas las cosas necesarias que entran en la ciudad ni las cosas impuras que se expulsan.

Bibliografía
-LEDO CABALLERO, A. C., “La Roma arcaica y el período monárquico”. Historia Antigua de Grecia y de Roma, Fco. J. Fernández Nieto (coord.), València, Tirant lo Blanch,, 2005, pp. 315-343.

-GUILLÉN, J. Urbs Roma I. La vida privada, Salamanca, Ediciones Sígueme, 2004 (1ª ed. 1977).

-MARTÍNEZ-PINNA, J., La Roma primitiva, Torrejón de Ardoz, Akal: “Historia del Mundo Antiguo”, 1989.

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