Las magistraturas de la República romana

Magistrado con la toga praetexta

El poder absoluto del rey, en Roma, de la misma forma que en muchos otros pueblos de la cuenca mediterránea antigua, fue sustituido en época republicana por magistraturas. Los magistrados, en un principio, fueron elegidos de entre las familias patricias, aunque los plebeyos consiguiesen, con el paso del tiempo y con no pocas luchas en el seno de la política romana, hacerse portadores también del poder estatal representado por dichas magistraturas (primera mitad del siglo IV a. C. Leges Liciniae Sextiae y consecuencias a corto y largo término).

Las magistraturas debían cumplir una serie de requisitos y limitaciones personales: solo podían ser magistrados los ciudadanos varones adultos, de ascendencia libre al menos desde la segunda generación, que no tenga una condena judicial sobre él y que no ejerciese ningún oficio remunerado. Pere a que no era necesario tener una gran fortuna para acceder, era impensable, según las condiciones de la Roma republicana, que un ciudadano económicamente no independiente y con una gran fortuna pudiese mantener efectivamente el régimen de vida de los estamentos superiores de la sociedad romana.

Así, en un primer momento encontramos una clasificación entre magistraturas patricias y plebeyas: entre las patricias, está el cónsul, pretor, dictador, edil curul y cuestor; y entre las plebeyas, el tribuno de la plebe y el edil plebeyo. No obstante, con el conflicto patricio-plebeyo, la diferencia entre estas magistraturas fue desapareciendo progresivamente. Entre estas, observamos otras clasificaciones:

1- Extraordinarias (interrex, dictadores, magister equitum, decenviros, tribunos militares con poder consular, triunviros para la organización del Estado y los miembros de las distintas comisiones extraordinarias) y ordinarias (cónsules, pretores, censores, tribunos de la plebe, cuestores, ediles curules y plebeyos y miembros de las comisiones ordinarias).

2- Curules (cónsules, decenviros, tribunos militares con poder consular, triunviros, pretores, censores y ediles curules) y no curules o simples (el resto de las magistraturas no enumeradas entre las curules eran simples).

3- Con poder (cum imperio, imperium; cónsules, pretores, dictadores, decenviros, tribunos militares con poder consular y triunviros) y sin poder (sine imperio; todas las demás).

4- Superiores (todos los magistrados con imperium, los censores y en época más tardana los tribunos de la plebe) e inferiores (todas las demás).


Dentro de las magistraturas, destacan cuatro conceptos imprescindibles para la comprensión de las mismas:

-La potestas: todo poder central concedido a una persona de forma legal para ejecutar funciones de Estado, otorgándole capacidad legal para tomar decisiones oficiales. Su portador puede 1) hacer edictos y 2) imponer multar. Por otra parte, era un criterio cuantitativo para jerarquizar las magistraturas según si esta fuese maior, minor o par (superiores, inferiores e iguales). ¿Qué quiere decir esto? Pues que la potestas regulaba el ejercicio del veto entre magistrados iguales y de los superiores respecto a los inferiores; en otras palabras, en caso de conflicto entre magistrados, normalmente salía ganador aquel magistrado con una potestas maior, superior.

-El imperium: derecho de origen divino y, por tanto, aquel que lo obtuviese era considerado más que un simple ciudadano. Otorga el derecho de comandar, sobre todo en el ámbito militar, y ejecutar actos en nombre del Senado y del pueblo de Roma. Entre sus competencias, destacan: 1) hacer edictos; 2) imponer multas; 3) derecho a reunir y comandar el ejército; 4) jurisdicción judicial en Roma; 5) derecho coercitivo y facultad de arrestar a los ciudadanos y obligarlos a comparecer ante la autoridad; 6) derecho a convocar al pueblo, dentro y fuera del Imperio (los comicios centuriados, celebrados en el Camp de Marte, fuera del pomerium, sólo podían ser convocados por un magistrado con imperio); 7) derecho a convocar y presidir el Senado. Los únicos que tenían capacidad de poseerlo eran los dictadores, los cónsules y los pretores.

Los magistrados con imperium también iban acompañados de los lictores, oficiales públicos que llevaban los fasces (haz de varas que simbolizaba el derecho a castigar mediante azotes) y el hacha (derecho a condenar a muerte). En época republicana nunca se podía llevar el hacha incorporada en los fasces dentro de Roma. Los pretores iban acompañados por 2 lictores en Roma y 6 en las provincias; los cónsules por 12; y los dictadores por el doble, 24. Cuando un magistrado se encontraba ante otro magistrado maior, éste debía bajar sus fasces como símbolo de respeto. La rotura de los fasces significaba la destitución del magistrado.

-La auctoritas: define a las personas o instituciones que por méritos propios o de los miembros gozan de un gran prestigio y respeto social. Así, el Senado romano, tenía la más alta auctoritas de Roma.

-El auspicium: el poder político romano estaba en íntimo vínculo con el derecho a tomar auspicios (consulta de la voluntad divina respeto a un tema específico de la ciudad). El derecho por los auspicios o ius auspiciorum era propio de todo magistrado (excepto los tribunos de la plebe, ediles plebeyos, procónsules y propretores), asesorados por los augures, aunque la naturaleza y categoría del auspicio estaba determinado según el cargo ocupado. Un ejemplo venía determinado  por aquel magistrado con imperium, que podía tomar los auspicios dentro o fuera del pomerium, a diferencia de los que no lo tenían, quienes tan sólo podían tomarlos dentro del recinto romano.


Características de las magistraturas
-Selectividad: todas las magistraturas republicanas, excepto el interrex, el dictador y el comandante de la caballería, eran elegidas por el pueblo reunido en comicios (los comicios centuriados elegían a los magistrados con imperium, a saber dictador, cónsul y pretor, y también al censor; en cambio, los comicios por tribus elegían al resto), de aquí la denominación de magistratus populi. El proceso de elección era el siguiente: 1) el aspirante debía presentar públicamente su candidatura ante el magistrado que presidiese las elecciones; 2) entonces, el magistrado aceptaría o rehusaría la candidatura, según cumpliese o no las siguientes condiciones obligatorias: ser ciudadano romano, no estar sometido a ningún proceso penal, etc.; 3) la candidatura se debía presentar personalmente 24 días antes de la elección; i la elección acababa con 4) la proclamación del candidato por el magistrado que preside. Si el elegido aceptaba el cargo, debía jurar fidelidad a las leyes romanes dentro de un determinado termino de tiempo, y si no lo hacía, era considerado incumplimiento del deber y comportaba la pérdida del cargo.

-Gratuidad: toda magistratura debía ser considerada como un honor y no se podía recibir ningún salario. En cambio, el magistrado sí recibía del Estado indemnizaciones a cambio de los gastos de los viajes fuera de Roma, entre otros. Así pues, algunos cargos, caso de la edilidad curul, necesitaba de grandes sumas de dinero, pues eran los encargados de celebrar los juegos y del abastecimiento de la ciudad. A cambio de su oficio patriótico, los magistrados recibían ciertos honores: asientos destacados en los juegos públicos y teatros, llevar la toga praetexta, etc.

-Colegialidad: rehusando el orden absoluto del rey en época republicana, cada magistratura estaba formada por un mínimo de dos individuos; cada uno de los miembros tenía plenitud de poderes y no necesitaba consenso para actuar, aunque el veto (intercessio) de un colega magistrado igual o superior podía invalidar su decreto. Los censores y los tribunos de la plebe eran 10; los cónsules eran siempre 2, excepto excepciones temporales; en caso de la designación de un dictador, que aunque éste actuaba sólo y rompía el orden de la colegialidad, tenía un subalterno, el magister equitum o comandante de la caballería.

-Anualidad: excepto el censor (5 años de cargo) y el dictador (6 meses), el resto de las magistraturas eran anuales, a pesar de que podían ser prorrogadas, caso de los procónsules y de los propretores.

-Responsabilidad: a excepción de los dictadores, censores y tribunos de la plebe, todos los magistrados debían dar explicaciones de sus irresponsabilidades ante los respectivos tribunales. Existía una diferencia entre los magistrados maiores, que sólo podían ser juzgados cuando finalizase el tiempo de la magistratura, y los minores, que podían ser juzgados incluso cuando estaban ejerciendo funciones estatales.

-Limitaciones de las magistraturas: 1) estaba prohibida la repetición de una magistratura, a excepción del consulado, que desde mediados del siglo IV a. C. podía repetirse cada 10 años; 2) estaba prohibida la investidura inmediata y sucesiva de dos magistraturas diferentes, teniendo que esperar 2 años; y 3) no se podían ocupar dos magistraturas ordinarias simultáneamente.

Bibliografía
-GUILLÉN, J., Urbs Roma.Vida y costumbre de los romanos II. La vida pública, Salmanca, Ediciones Sígueme, 2002 (1ª ed. 1995).

-KOVALIOV, S. I., Historia de Roma (edición revisada y ampliada per Domingo Plácido), Madrid, Akal, 1989 (1ª ed. 1948).

-REQUENA JIMÉNEZ, M., "El marco institucional del estado romano". F. J. Fernández Nieto (coord.), Historia Antigua de Grecia y Roma, València, Tirant lo Blanch, 2005, pp. 424-457.

-ROLDÁN, J. M., Instituciones políticas de la Republica Romana, Torrejón de Ardoz, Akal "Historia del Mundo Antiguo", 1990.

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