Las reformas de Servio Tulio

Plano de la muralla serviana
Servio Tulio (578-535 a. C.) fue el penúltimo rey de la Roma monárquica, segundo rey de origen etrusco. Fue protagonista, como su antecesor, de diversas guerras contra los etruscos. Utilizó el botín obtenido en sus campañas para edificar las primeras murallas[1] que rodearon los siete montes romanos sobre el pomerium, la gran muralla serviana. También realizó cambios en la organización del ejército romano. Desarrolló una nueva constitución para los romanos, dando preferencia a las clases ciudadanas. También creó el primer censo, dividiendo a los ciudadanos en cinco clases económicas, como veremos a continuación. El reinado de Servio Tulio finalizó con su asesinato en una conspiración organizada por su propia hija Tulia y su marido Tarquinio El Soberbio (534/535-509 aC.), su sucesor en el trono, y último rey de Roma.

“Con los que tenían una renta de cien mil ases o más [el rey Servio Tulio] formó ochenta centurias: cuarenta de los de más edad y cuarenta de los más jóvenes; el conjunto se denominó primera clase. Los de más edad tenían por misión la defensa de la ciudad; los más jóvenes las guerras exteriores. Se les impuso como armas el casco, el escudo redondo, las grebas y la coraza, todas ellas de bronce y para servir de protección del cuerpo; como armas ofensivas la lanza y la espada. Agregó a esta clase dos centurias de obreros que cumplían el servicio militar sin llevar armas; tenían como misión el transporte de las máquinas de guerra. La segunda clase abarcaba de cien mil a setenta y cinco mil ases de renta, y de ellos se inscriben veinte centurias, tanto de mayores como de más jóvenes; armas exigidas: escudo alargado en vez del redondo, y las demás, las mismas, excepto la coraza. Fijó la renta de la tercera clase en cincuenta mil ases. El mismo número de centurias y con la misma diferenciación por edades que en la clase anterior; ningún cambio respecto a las armas, únicamente la supresión de las grebas. Renta de la cuarta clase: veinticinco mil ases; el número de centurias el mismo; cambio respecto a las armas: sólo se les dejó la lanza y el venablo. La quinta clase era más numerosa; estaba integrada por treinta centurias; iban armados de hondas y proyectiles de piedra; entre éstos estaban también censados los corneteros y trompeteros, repartidos en dos centurias. La renta de esta clase era de once mil ases. La renta inferior a esta comprendía la población restante: estaba exenta del servicio militar. Armada y distribuida de este modo la infantería, inscribió doce centurias de caballeros de entre los ciudadanos principales […]
Tito Livio I 43, 1-9.


La tradición literaria clásica le atribuye la primera reforma de peso, con una gran reestructuración del Estado. Su reforma implicaba la sustitución de las tres antiguas tribus romanas gentilicias (Rammes, Luceres y Tities) por otras de carácter territorial, dividiendo Roma en cuatro regiones. De esta forma, la población libre romana pasaba a organizarse según su lugar de residencia y no por criterios de sangre, predominante hasta ahora. La ciudad de Roma se dividió en cuatro regiones urbanas, mientras que su territorio fue repartido entre un gran número de tribus, unas dieciséis, como se cree tradicionalmente.

Dentro de esta muralla, quedaban integrados los montes Palatino, Capitolio, Quirinal, Viminal, Opio, Celio y Aventino. Pero no se trataba aún de una ciudad como la que nos encontraremos en plena República, sino más bien de una gran aldea, sin pavimentar, con un carácter eminentemente agrícola. Aún se conservan algunos restos de estas murallas, sobre todo en el Quirinal, el Viminal y el Esquilino. Aunque esta muralla ha estado atribuida tradicionalmente a Tulio, es más probable que fuese erigida hacia el siglo IV, circa el año 378 al 352 a. C., después de la invasión de los galos. De la misma forma, aumentó el nombre de puertas de la ciudad, que hasta entonces sólo disponía de dos. Entre estas, destacaban las de la Capena, la Celemontana o la Colina.

A principios del siglo IV a. C., con la invasión de los galos y destrucción e incendio de la ciudad, el plano de la ciudad se volvió muy irregular, con un poblado muy afectado. Con el aumento de los ciudadanos y, especialmente, de la riqueza, se fueron pavimentando las calles trazándolas en línea recta, construyendo mejores edificios, nuevos templos de mármol (templo de la Concordia, templo de Vesta, de Cástor y de Pólux, etc.), se construye la Regia, residencia oficial del Pontifex Maximus, y se levantaron nuevos puentes sobre el Tíber. Asimismo, el Capitlio, el foro y la Velia quedaron unidos por la Vía Sacra.

De la misma forma, el sector de la población que disponía de derechos políticos se dividió en cinco clases, según su riqueza personal (ases). Estas cinco clases, tenían que aportar al ejército un nombre establecido de centurias. Encontramos, en primer lugar, una primera clase que se dividía en iuniores (entre los 18 y 45 años, encargados de las guerras exteriores) y seniores (entre los 46 y 60 años, defensores de la ciudad). Su renta era superior a los cinco mil ases. Estos tenían que costearse el equipo militar, que dependía según la clase a la que pertenecía: los de la primera clase, por ejemplo, utilizaban la armadura característica del hoplita griego, como escribe Tito Livio: “Se les impuso como armas el casco, el escudo redondo, las grebas y la coraza, todas ellas de bronce y para servir de protección del cuerpo; como armas ofensivas la lanza y la espada.  A esta clase, añadió Tito Livio unas dos centurias de obreros, los cuales “cumplían el servicio militar sin llevar armas; tenían como misión el transporte de las máquinas de guerra.

Encontramos una segunda clase, la cual estaba formada de “cien mil a setenta y cinco mil ases de renta”, como nos informa Tito Livio, quien cuenta unas veinte centurias, formadas tanto por jóvenes como por mayores, con armas y  armaduras similares, excepto un pequeño cambio: utilizaban el escudo alargado (más parecido al posterior scutum) en lugar del redondo (más típico entre los hoplitas). Otro cambio fue la coraza.
La tercera clase era bastante parecida a la segunda, con unas armas y armaduras sin cambios aparentes, con la simple desaparición de las grebas. Tito Livio fijó la renta de esta clase en “cincuenta mil ases”. El nombre de centurias era el mismo, así como la diferenciación entre jóvenes y viejos.

Respecto a la cuarta clase, se fijó la renta en torno a los “veinticinco mil ases”. El mismo nombre de centurias, pero con un cambio en las armas: sólo utilizarían desde ahora la lanza y el venablo.

La quinta clase era muy numerosa, integrada por un total de treinta centurias. Su renta era de “once mil ases”. Sus armas eran muy rudimentarias, formadas por hondas y proyectiles de piedra.

A parte de estas tropas, encontramos a los équites o caballeros, formados por doce centurias, según Livio, aunque bien pudieron ser cerca de dieciocho. También había dos centurias de músicos (quinta clase), y otras tantas de fabri (artesanos). Aquellos que no tenían el mínimo de riqueza necesario, los más pobres, eran los accensi, quienes se quedaban fuera del mundo militar.


A dicho carácter militar de la nueva estructuración de la sociedad romana primitiva, tenemos que añadirle un rasgo político. Así pues, esta división censataria también se tradujo en una participación de los derechos políticos de los habitantes de Roma en una nueva Asamblea, la Comitia Centuriata, donde la participación política, en otra palabras, el nombre de votos de cada clase, estaba determinado por el nombre total de ciudadanos que aportaban al ejército. Estos comicios eran muy fraudulentos, pues los más ricos, los de la primera clase, siempre votaban primero y disponían de más votos, asegurándose así el control político de la Asamblea.

Reforma centuriada de Servio Tulio (Ledo Caballero, 2005: 333)
La reforma se ha explicado a partir de la introducción de la falange hoplítica, la cual llegaría a la península itálica gracias a los etruscos: más que una nueva manera de hacer la guerra, se debe a los profundos cambios experimentados por una sociedad que paulatinamente se tornaba más compleja y cuyo cuerpo cívico ya no es patrimonio de las familias aristocráticas, sino de todos los individuos libres del territorio romano. Es, en definitiva, el triunfo de un largo proceso mediante el cual la base del Estado deja de ser gens frente al ciudadano e indica, por tanto, la superación del fundamento gentilicio de la sociedad por la constitución de una ciudad estado(Ledo Caballero, 2005: 334).

Ahora bien, hay que matizar ciertas cosas. Estas informaciones que nos legaron los autores clásicos, no están exentos de anacronismos ni de problemas históricos. Una de las principales cuestiones es el tema de los ases, entendido hoy día como un valor introducido a mitad siglo V a. C., por lo cual sería un anacronismo considerar esta división centuriata a mediados del siglo VI a. C., cuando supuestamente vivió Servio Tulio. En otras palabras, son reformas que no se aplicarían hasta tiempos republicanos. Otro aspecto a tener en cuenta es el peligro en el que podemos caer cuando utilizamos ligeramente la expresión de “ejército de ciudadanos”.

Para terminar, citaré las palabras de J. Martínez-Pinna (2001: 698-700), quien da en su obra ciertas pinceladas interesantes:

En conclusión, vemos cómo la tradición posee ciertamente una gran capacidad de inventiva, pero a la vez sabe también conservar destellos de verdad histórica, los cuales pueden emerger a la luz sin necesidad de acudir a una confirmación exacta por vía arqueológica. […] El relato analístico sobre el nacimiento, formación y llegada al poder de Servio es absolutamente increíble, hasta el punto de no necesitar una demostración de falsedad […]. ¿Acaso la arqueología puede confirmar o negar la historicidad de la actuación que la tradición atribuye a Numa sobre los grandes sacerdocios, las reformas de Tarquinio Prisco o la organización instituida por Servio Tulio?.

Bibliografía
-LEDO CABALLERO, A. C., “La Roma arcaica y el período monarquico”. Historia Antigua de Grecia y de Roma, Fco. J. Fernández Nieto (coord.), València, Tirant lo Blanch, 2005.

-GUILLÉN, J. Urbs Roma I. La vida privada, Salamanca, Edicions Sígueme, 2004 (1ª ed. 1977).

-MARTÍNEZ-PINNA, J., La Roma primitiva, Torrejón de Ardo, Akal: “Historia del Mundo Antiguo”, 1989.
-MARTÍNEZ-PINNA, J., “Los reyes de Roma entre la leyenda y la Historia”. Gerión, 19, pp. 689-708.          



[1] Fueron destruidas posteriormente, en tiempos del emperador Aureliano, debido al aumento de la ciudad. Se construyeron unas más grandes. De las primitivas murallas de Servio Tulio encara se conservan restos hoy día.

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