La fundación de Roma según la tradición antigua

Loba Luperca o Capitolina. Museo Capitolino
La mayor parte de nuestro conocimiento de la Roma arcaica procede de las fuentes literarias antiguas. Estas son muy diversas y algunas, incluso, coherentes, aunque no dejan de presentar muchas incógnitas que inciden directamente en su grado de veracidad.

El primer problema serio que plantean las noticias de carácter literario tiene que ver con la gran distancia cronológica, que nos separa de la sucesión de hechos gasta su plasmación por escrito. Parece ser que fue Fabio Píctor el primer autor latino que, a finales del siglo III a. C., recogió las noticias tradicionales sobre la fundación de Roma, el 21 de abril del año 753 a. C. Pero, los datos que se conservan sobre éste autor son escasos. Serían los trabajos de Tito Livio, Virgilio y Dionisio, en el siglo I a. C., los cuales nos legaron los textos más completos sobre el período arcaico de Roma. No obstante, hay que tener en cuenta un posible proceso de tergiversación que sufrieron estas obras, pues sus fuentes eran en su mayoría aquellas transmitidas por las fuentes orales durante casi cinco siglos. A este problema, hay que sumarle el relato exagerado o inventado de muchos hechos famosos de sus antepasados.

Una doble tradición legendaria
En la fundación de Roma encontramos un relato legendario que se alimenta de dos tradiciones surgidas en diferentes ámbitos y tiempos. La primera de estas tradiciones tiene como protagonista al troyano Eneas, quien por consejo de Afrodita (quien le dijo al héroe troyano que tenía otra tarea que cumplir en el futuro) huyó de la destrucción de la ciudad de Troya por los griegos, acompañado por su hijo Ascanio o Iulus, su padre Anquises y por un grupo de seguidores. Después de todo un largo periplo, pasando por lugares como la Cartago de la legendaria reina Dido, Eneas y los demás llegaron al Lacio, gobernado por el rey Latino. Éste le ofreció en matrimonio a su hija Lavinia, hecho que provocó un conflicto con Turno, rey de los rútulos, quien también pretendía la mano de Lavinia. Después de la victoria de Eneas sobre el rey rútulo, Eneas fundó la ciudad de Lavinium en la desembocadura del río Tíber, mientras que su hijo Ascanio fundaría, tiempo después, la ciudad de Alba Longa.

Parece aceptable hoy en día que el ámbito original de dicha tradición fue el mundo griego, y el factor que propició su adopción por la nueva comunidad romana había sido el deseo de relacionarse con una cultura reconocida y prestigiosa. Para poder compaginar la fecha de 1.184 a. C., año en el que se considera tradicionalmente la caída de Troya, con la supuesta fundación de Roma el 753 a. C., y de esta forma relacionar la cultura helena con la romana, intercalando la dinastía de los reyes de Alba Longa, descendientes del troyano Eneas.

Según esta segunda leyenda dinástica de Alba Longa, uno de sus reyes, Numítor, sería destronado por su hermano Amulio, quien obligó a su hija, Rhea Sílvia, a convertirse en vestales para evitar así un nuevo heredero, por la permanente virginidad a la que estaban condenadas las vestales mientras durase su sacerdocio. Pero el dios Marte se encaprichó de Rhea Sílvia, engendrando en ello dos gemelos, Rómulo y Remo, abandonados en el río Tíber en su nacimiento por Amulio. El río depositó a los dos hermanos en la costa, al pie del monte del Palatino, donde fueron recogidos por la loba Luperca, quien los alimentó, y más tarde por el pastor Fáustulo, quien los crió junto a su mujer como a hijos propios.

Éstos, cuando crecieron y conocieron su verdadero origen, mataron a tío-abuelo Amulio, reposando en el trono a su abuelo, Numítor. Los dos hermanos decidieron fundar una nueva ciudad junto al lugar donde les amamantó la loba. El primero de sus reyes fue Rómulo, su fundador. Discutiendo sobre el posible nombre y ubicación de la ciudad, decidieron que lo elegiría aquel que consiguiese ver más aves, ganando Rómulo. Remo pensaba que era un augurio las seis aves que señalaban el monte del Aventino, mientras que para Rómulo el verdadero augurio eran las doce aves que señalaban el Palatino. Rómulo, después de una larga discusión, decidió marcar los límites de la ciudad, conocido como el primer pomerium de Roma, amenazando con matar a todo aquel que lo cruzase. Remo cruzó la línea, y Rómulo lo asesinó. Éste, apenado, enterró a su hermano en la cima del Palatino, dándole en su honor su nombre a la nueva ciudad, roma, convirtiéndose en el primer de los siete reyes de la ciudad, inaugurando la dinastía de los reyes latinos-sabinos.

Bibliografía
-LEDO CABALLERO, A. C., “La Roma arcaica y el período monarquico”. Historia Antigua de Grecia y de Roma, Fco. J. Fernández Nieto (coord.), València, Tirant lo Blanch, 2005.

-GUILLÉN, J. Urbs Roma I. La vida privada, Salamanca, Edicions Sígueme, 2004 (1ª ed. 1977).

-MARTÍNEZ-PINNA, J., La Roma primitiva, Torrejón de Ardo, Akal: “Historia del Mundo Antiguo”, 1989.

-MARTÍNEZ-PINNA, J., “Los reyes de Roma entre la leyenda y la Historia”. Gerión, 19, pp. 689-708.  

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