El 'pomerium' de Roma

Topografía de la antigua Roma
El pomerium (pomoerium) es una línea imaginaria que separa los límites del territorio urbano de Roma. Para los romanos, toda la ciudad era como una especie de templo sagrado, y su trazado había estado inaugurado con ritos religiosos, a partir de ciertos criterios rituales atribuidos a los etruscos (etrusco ritu). Así, Rómulo, después de haber tomado todos los auspicios, trazó un surco alrededor de todo el espacio que dedicaría a su ciudad, de forma Quadrata. Este surco, emplazado a los pies del monte del Palatino, se convirtió en el primer pomerium  de Roma.

La palabra significa, según Varrón (L. L. VI, 143), murus, entendiendo así el pomerium como un espacio delantero y trasero del muero, en otras palabras, un espacio situado más allá de los muros de la ciudad. Era un lugar sagrado, por tanto, no se podía construir ni cultivar en él. Según Tito Livio (I, 44, 4-5), el pomerium era “el espacio que en la fundación de las ciudades consagraban antiguamente los augures etruscos en torno del lugar en que habían de trazar el muro, de forma que por la parte interior no podían adosarse edificios a los muros […], y exteriormente quedaba también una zona libre del cultivo humano”.

Un aspecto importante desde el punto de vista militar, era conveniente que las murallas estuviesen espaciadas, para observar a los enemigos que se aproximaban y para facilitar los movimientos internos de los defensores. No obstante, según el sentido religioso del pomerium, este no existía más que en las partes de las murallas que daban al campo, según Varrón (L. L., V, 143): “lo que quedaba fuera (de la ciudad) se llamaba pomerio”.

A pesar de su relación con las murallas, el pomerium no tenía por qué coincidir con estas. Los límites del pomerio no han sido siempre fijos, variando a lo largo de las diferentes épocas, pudiendo afirmar que más que una Roma, estamos hablando de diferentes planimetrías de la ciudad eterna.

Así pues, podemos hablar de dos condiciones jurídicas del pomerium: la primera, religiosa;  la segunda, pública. De la misma forma, es necesario dividir el territorio del pomerio en dos partes: el terreno intra pomerium, que es la urbs (la ciudad), donde dominaba el imperium domi; y otro extra pomerium, que es el ager (tierras exteriores), donde dominaba el imperium militae[1]. Hay que destacar que las dos partes tenían dioses diferentes, magistrados  atribuciones, como si se tratase de otra ciudad. La línea del pomerium depende de la inauguratio, no pudiendo ser movida sin el consentimiento previo de los augures, quienes tenían esta atribución mediante el ritual del auguralis precatio.

Podemos afirmar que el pomerio era la frontera religiosa, pues como hemos visto, había dioses de la ciudad (sacra publica) y dioses extranjeros (sacra peregrina), que aunque los romanos acogían con mucha frecuencia a otros dioses extranjeros, especialmente a partir de la época imperial, no parece que estos dioses peregrini fueran aceptados en alto grado intra pomerium durante la República. Algunas excepciones se podían dar en tiempos de guerra, cuando estos dioses eran introducidos como una especia de evocación (evocatio); o por el contrario, en tiempos de paz, introducidos por devoción.

Siguiendo en el aspecto religioso, no se podía enterrar ningún cuerpo dentro del pomerio, a pesar de que contamos con algunas excepciones, como el caso de ulio César. Esta norma se conservó a lo largo del Imperio, siendo a partir del siglo VI cuando se generalizan los enterramientos dentro de la ciudad.

En conclusión, el pomerium era un límite ideal marcado por la tradición romana, de posible origen etrusco, de carácter religioso y marcado por el hecho de ser inviolable y que ningún extranjero ni invasor podía atravesarlo, como se desprende del asesinato de Remo después de atravesar el límite marcado por su hermano Rómulo en la nueva ciudad. Incluso, como hemos observado, la potestad de los magistrados variaba en función de la parte del pomerium en la cual se encontraran.


Bibliografía
-GUILLÉN, J., Urbs Roma I. La vida privada, Salamanca, Ediciones Sígueme, 2004 (1ª ed. 1977), pp. 19-22.          



[1] Así, a modo de ejemplo, los comicios curiales se celebraban en el interior de la ciudad, mientras que los comicios por centurias se celebraban a las afueras de la ciudad, en el Campo de Marte. Los tribunos de la plebe, igualmente, no tenían competencias más allá del pomerio de la ciudad.

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