De las reformas populares de Cayo Mario a la dictadura de Sila

Lucio Corneliio Sila

Durante el contexto de la Guerra de Jugurta (111-105 a. C.) surgió la figura del genio militar Cayo Mario, quien pondría fin a dicha guerra en el año 105 a. C., gracias a la ayuda incondicional que le brindaron los populares situándolo en la comandancia del ejército. Como consecuencia del estallido de éste y otros conflictos exteriores, se llevaron a cabo ciertas alternativas que iban a repercutir en la evolución política de la República (Rodríguez Neila, 1990: 32). El final de la guerra también se dio como consecuencia de la intervención diplomática de otro personaje que marcará las líneas políticas de las siguientes décadas: Lucio Cornelio Sila.

La crisis social de la República. El intento de reforma de los hermanos Graco


La expansión territorial romana, más que ayudar a la obtención de la igualdad respecto al repartimiento de las tierras, sirvió para distanciar más a los dos polos opuestos de la sociedad romana. Sirve de ejemplo el retorno de los pequeños propietarios a sus tierras después de la conclusión de la Segunda Guerra Púnica. Éstos solo encontraron unas tierras desoladas por una larga y dura guerra contra las huestes de Aníbal, unas tierras que requerían de una fuerte inversión económica inmediata para su puesta en explotación nuevamente, pero no disponían ningún tipo de capital para llevar a cabo esta acción. ¿Solución? O bien encontraron la solución en su venta, o bien las abandonaron y emigraron hacia nuevos territorios conquistados. Pero, tanto en una solución como otra, estas tierras terminaron en manos de un reducido grupo: la minoría dirigente quienes, con el paso del tiempo, se fueron haciendo con el control de las tierras antaño correspondientes al ager publicus de Roma[1], en condición de préstamos de la República para su explotación, o como una garantía de las operaciones financieras. Todo eso estaba en contra de las leyes Lícinas, establecidas desde el siglo IV a. C., y que restringían a cierto número la cantidad de tierras públicas en manos de un particular.

El primer ejército organizado de Roma: Servio Tulio

Reforma centuriada de Servio Tulio (Ledo Caballero, 2005: 333)

Primera clase. Ilustración: Ugo Pericoli
El sector de la población que disponía de derechos políticos se dividió en cinco clases, según su riqueza personal (ases). Estas cinco clases, tenían que aportar al ejército un número preestablecido de centurias. Encontramos, en primer lugar, a una primera clase, que se dividía en iuniores y seniores. Su renta era superior a los cinco mil ases. Éstos tenían que costearse el equipamiento militar, que dependía según la clase a la que pertenecía: los de la primera clase, por ejemplo, utilizaban la armadura característica del hoplita griego, como escribe Tito Livio: “Se les impuso como armas el casco, el escudo redondo, las grebas y la coraza, todas ellas de bronce y para servir de protección del cuerpo; como armas ofensivas la lanza y la espada” (I, 43, 1-9).  A esta clase, Tito Livio añadió unes dos centurias de obreros, quienes “cumplían el servicio militar sin llevar armas; tenían como misión el transporte de las máquinas de guerra” (I, 43, 1-9).

Museo Nacional de Arqueología Subacuática (Cartagena, Murcia) (fotografías de elaboración propia)


Fotografías de elaboración propia (Juan Antonio Montalbán Carmona, 2015)

Visita al Museo Nacional de Arqueología Subacuática (Cartagena, Murcia). Página web: http://museoarqua.mcu.es/

En el plano del museo de arriba se puede observar la distribución de las diferentes partes de la exposición: La zona rodeada en rojo, perteneciente a la zona de restos arqueológicos acuáticos romanos. 

Todos los textos han sido extraídos de los carteles expositivos Museo Nacional de Arqueología Subacuática, a quien pertenecen los derechos.

La crisis republicana. Desequilibrio social. Compromiso imperialista romano: 'Nobilitas' y 'Publicani'

Senado romano. Foto de la serie "Rome"
Con la finalización de las guerras púnicas con la destrucción de Cartago y con la caída de Corinto en el año 146 a. C., se hizo evidente la expansión militar e imperialista de la República Romana, lo cual se vio reflejado con la larga conquista de la Península Ibérica y los territorios griegos y orientales. Es en este contexto, en mitad de la lucha bélica de los gobernadores provinciales por expandir sus dominios, cuando surgió la figura de Tiberio Sempronio Graco (180-197 a. C.), con una labor diplomática de pacificación del territorio de la Celtiberia, una política de pactos que se vio plasmada con el asentamiento de contingentes indígenas en los valles del Ebro y del Guadalquivir.

Colegiados inferiores y dependientes


Entre los colegios inferiores encontramos colegios permanentes y provisionales o extraordinarios:

-Permanentes: había diversos: unos eran los triunviros penales, colegio de tres hombres dependientes del pretor urbano, quienes tenían la tarea de mantener el orden de la ciudad, vigilar a los prisioneros, efectuar arrestos y condenar a los criminales; otro colegio era el de los triunviros monetarios, encargados de la dirección de la producción de la moneda; etc.

-Provisionales o extraordinarios: el colegio de los triunviros para la división de las tierras entre los campesinos pobres; los triunviros para la emigración en las colonias; etc.

El tribunado militar con poder consular


Tenían la alta comandancia del ejército. Su número variaba entre tres y ocho, según las necesidades de las legiones. Comenzaron a nombrarse como sustitutos de los antiguos pretores, siendo en un principio básicamente elegidos de entre los patricios en los comicios centuriados (en un principio, difícilmente se elegían plebeyos). Así pues, el año que se elegían tribunos militares con poder consular no se elegían pretores, elección que se hacía cada año en el Senado, eligiendo entre los dos pretores (anciano y ayudante) o los tribunos. El Senado prefería más la elección de los pretores que de tribunos militares. A partir de la aparición del consulado hacia el 367 a. C., los tribunos militares fueron desapareciendo como jefes supremos del poder militar, siendo los nuevos “pretores-cónsules” o simplemente “cónsules” la culminación que representaría la conclusión histórica del decenviro y del tribuno militar con poder consular.