Sulpicia: la mujer a la que se le permitió escribir

Como Safo de Mitilene o de Lesbos (s. VII a. C.) (mujer de la pintura), Sulpicia (s. I a. C.) es reconocida por su trabajo poético. Imagen: Wikimedia Commons (https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Herkulaneischer_Meister_002b.jpg)
Tan sólo fue una la mujer romana que consiguió romper el yugo masculino predominante en la literatura romana -al menos de cuya obra se ha conservado algo- y nos transmitió directamente sus propias palabras, en este caso en forma de poesías, sin ser borradas del recuerdo histórico: Sulpicia. Ésta pertenecía a la alta sociedad romana, hija de una mujer de la gens Valeria y sobrina de Marco Valerio Mesala Corvino (hermano de su madre), quien estudió junto a Marco Tulio Cicerón y fue patrono del poeta Albio Tibulo, también relacionado con otros personajes ilustres de su época como Publio Ovidio Nasón o Ligdamo, pertenecientes al denominado Círculo de Mesala. Como es evidente, por una parte, su tío le sirvió como una gran muralla protectora contra las muy diversas críticas que Sulpicia, protagonista del nuevo modelo en auge a partir de la primera mitad del siglo I a. C. de mujer "emancipada" y quien vivía rechazando las normas tradicionales, recibió a lo largo de su vida. Por otra, la estrecha relación familiar con los principales círculos intelectuales le permitió convertirse en una de las mujeres más cultas de la ciudad.

Una mujer romana ejemplar: la Laudatio Turiae

Fragmentos de la Laudatio Turiae. Font: VRoma Project, 2007 (http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Laudatio_turiae_2.jpg).

La Laudatio Turiae (CIL VI, 1527) es una inscripción funeraria (laudatio funebris) fragmentada hallada en Roma, de finales del siglo I a. C., que recoge los elogios de un marido a su mujer, de nombre Turia o Curia, describiendo los principales sucesos de su vida, centrada en las proscripciones de los triunviros (década de los 40’ a. C.). El hombre repasa la vida cuotidiana de su matrimonio y de su esposa, que diferencia de Fulvia ésta sí que responde positivamente a la visión tradicional de lo que debía ser una mujer romana. A pesar de que en muchas ocasiones las condiciones de algunas mujeres aparecen demasiado exageradas, como podría ser el caso de Turia, con expresiones tales como “la más excepcional, la más casta, el modelo supremo de las esposas”, indican claramente aquellas virtudes que más apreciaban los romanos en las mujeres.

Aunque nos ha llegado muy fragmentada y no se han conservado los nombres ni de la difunta ni del esposo, fue nombrada Laudatio Turiae en el siglo XVIII, cuando un erudito relacionó el epitafio con el relato del cónsul Quinto Lucrecio Vespilión y su mujer Turia, quien le escondió en un falso techo de su habitación durante el contexto de las proscripciones, como nos relata Valerio Máximo en Facta et Dicta Memorabilia (VI, 7, 2):